¿Por qué no soy capaz defender lo que pienso? Autoestima, miedo al conflicto y asertividad
- Marta Cordero psicóloga

- 9 nov 2022
- 5 Min. de lectura
Actualizado: hace 5 días
¿Te ha pasado alguna vez que sabes perfectamente lo que piensas o lo que necesitas decir, pero en el momento de hablar te quedas en silencio?
Tal vez después te vas a casa pensando:
“¿Por qué no dije nada?”“¿Por qué siempre cedo?”“¿Por qué me cuesta tanto defender lo que pienso?”
A muchas personas les ocurre lo mismo.
No es falta de carácter ni debilidad.
En muchos casos está relacionado con tu autoestima, el miedo al conflicto o el miedo a decepcionar a los demás.
¿Por qué me cuesta tanto defender lo que pienso?
Cuando nos cuesta defender nuestras opiniones o necesidades, normalmente no se trata solo de comunicación. Muchas veces hay factores emocionales detrás, como:

miedo a que los demás se enfaden o nos rechacen
baja autoestima
miedo a equivocarnos
necesidad de agradar a todo el mundo
experiencias pasadas donde expresar lo que pensábamos tuvo consecuencias negativas
La relación entre autoestima y asertividad
La asertividad no consiste solo en aprender frases para decir “no”.
Muchas veces el problema no está en saber qué decir, sino en sentir que tenemos derecho a decirlo.
Cuando nuestra autoestima es baja o vivimos con mucha autoexigencia, podemos empezar a pensar cosas como:
“No quiero molestar”
“Seguro que estoy exagerando”
“Mejor me callo”
“No pasa nada si cedo otra vez”
Con el tiempo, esto hace que nuestras necesidades queden siempre en segundo plano.
¿Qué estilo de comunicación sueles tener?
Para entender mejor qué ocurre cuando nos cuesta defender lo que pensamos, puede ser útil conocer los diferentes estilos de comunicación.
Comunicarse y actuar con asertividad es una habilidad que nos ayuda a mantener relaciones sanas, resolver conflictos y evitar que reprimamos nuestras propias necesidades.
La asertividad es un estilo relacional que se sitúa en un punto intermedio entre la pasividad y la agresividad.

El estilo pasivo se conceptualiza como el tipo de comunicación en el que las personas no suelen decir lo que piensan y lo que sienten, incluso si ello implica que sus derechos no son respetados. Un ejemplo extremo tipo sería la persona que pide un refresco frío en un bar, le sirven un refresco diferente y que además no está frío, y no dice nada para no molestar al camarero.

El estilo de comunicación agresivo puede ser presentado como el de aquellas personas que suelen responder a conductas de otros exteriorizando su enfado, levantando la voz o recriminando. Siguiendo el ejemplo anterior, el estilo agresivo sería el de aquella persona que pide un refresco frío, le traen otro del tiempo, y recrimina al camarero su error, diciéndole: "es intolerable, qué clase de camarero eres, llama inmediatamente al encargado".
Es importante destacar que es frecuente encontrar a personas con un estilo de comportamiento pasivo-agresivo: personas que van «acumulando» tensiones interpersonales y se convierten en una bomba de relojería; acaban explotando, y cuando lo hacen es de manera agresiva, con un impacto doblemente negativo (por ser pasivos y ser agresivos) en las personas que reciben ese estilo de comunicación.

Por último, estaría el estilo de comunicación asertivo. En el ejemplo del restaurante, sería aquella persona que al recibir el refresco que no ha pedido expresa al camarero que ha habido una equivocación, y le pide que se lo cambie por el que ha solicitado. Esta persona consigue su objetivo (beberse el refresco que quiere, y frío), sin generar un conflicto.
Una persona asertiva:
Defiende sus derechos con valentía y seguridad.
Dice lo que piensa o siente con respeto.
Se pone en el lugar de los demás (piensa en sus derechos y sentimientos).
Escucha al otro.
Participa sin miedos.
No deja que se aprovechen de él. Sabe decir «no».
Procura ser positivo.
Negocia, dialoga.
Conducta no verbal: postura relajada, voz firme y clara, gestos seguros, ritmo fluido, sin vacilaciones, mirada resuelta, espacio interpersonal adecuado.
Todas estas características son habilidades que podemos aprender y que nos permiten alejarnos de esa forma de comunicarnos pasiva o agresiva. Entrenar en esta habilidad puede permitirnos mejorar en muchos aspectos de nuestra vida y afectar positivamente en nuestra salud mental.
Señales de que necesitas trabajar tu asertividad
Te cuesta decir que no
Sueles ceder aunque no quieras
Evitas conflictos a toda costa
Te sientes culpable cuando pones límites
Te cuesta pedir favores
No sueles reclamar cuando por ejemplo te ponen mal una comida.
Después de una conversación piensas todo lo que te habría gustado decir
No sueles dar tu opinión o solo si crees que piensan igual que tu.
Tiendes a acumular todos tus enfados hasta que llega un momento que "explotas".
No puedes parar de preocuparte sobre lo que los demás puedan pensar de ti.

Muchas personas llegan a terapia pensando que su problema es que “no saben decir las cosas”.
Pero cuando empiezan a trabajar en su autoestima y en su relación con los demás, descubren que pueden empezar a expresar lo que piensan con más seguridad y tranquilidad.
Aprender a ser asertiva no significa volverte agresiva o confrontativa.
Significa aprender a respetarte también a ti misma.
¿Cómo aprender a decir que no sin sentirte culpable?
Si te reconoces en varias de estas situaciones, puede que la dificultad para defender lo que piensas y decir que no, no sea solo un problema de comunicación, sino también de autoestima y de la relación que tienes contigo misma.
Es por ello que necesito que tomes un tiempo para preguntarte hasta que punto quieres seguir así o avanzar, mejorar por fin tus habilidades en la comunicación donde seas tu quién maneje y controle tus necesidades.
Durante mi recorrido profesional he acompañado y ayudado a muchas personas a ganar confianza en ellas mismas y poner límites, algo que me hace sentir muy afortunada.
Para conseguirlo, trabajo siempre desde la mayor confianza, calidez y naturalidad posible, ayudándote a conseguir tus objetivos y facilitándote el camino hacia ellos.
Si quieres empezar a trabajar tu asertividad, escríbeme y empezaremos tu proceso terapéutico juntas.

Si quieres conocer más acerca de mi terapia online enfocada a la ansiedad y la autoestima pincha aquí.
Preguntas frecuentes sobre la asertividad y la dificultad para defender lo que pensamos
¿Por qué me cuesta decir lo que pienso?
A muchas personas les ocurre que saben lo que quieren decir, pero en el momento de hablar se bloquean o prefieren callar. Esto suele estar relacionado con factores como el miedo al conflicto, el deseo de agradar a los demás o una autoestima baja que hace que dudemos de si tenemos derecho a expresar nuestras necesidades.
¿Por qué me siento culpable cuando digo que no?
Sentirse culpable al poner límites es algo muy habitual cuando hemos aprendido a priorizar las necesidades de los demás por encima de las nuestras. Con el tiempo, esto puede hacer que decir “no” genere ansiedad o incomodidad, aunque en realidad poner límites sea una forma sana de cuidarnos.
¿Se puede aprender a ser más asertivo?
Sí. La asertividad no es un rasgo con el que se nace, sino una habilidad que puede aprenderse y desarrollarse con práctica. En muchas ocasiones implica trabajar también la autoestima, aprender a tolerar el desacuerdo y cambiar la forma en que nos relacionamos con nuestros pensamientos y preocupaciones.
¿Es normal estar todo el rato preocupándome por lo que piensen los demás?
Muchas veces la dificultad para defender lo que pensamos también está relacionada con una mente llena de preocupaciones sobre lo que los demás puedan pensar de nosotros. Si te ocurre esto, puede interesarte leer también este artículo (pincha aquí) sobre cómo dejar de preocuparte por todo.
¿Por qué me bloqueo cuando quiero decir que no?
Muchas veces lo que nos bloquea no es la situación en sí, sino los pensamientos que aparecen en nuestra mente: “Van a enfadarse”, “me van a juzgar”, “seguro que estoy exagerando”... En este artículo explico cómo aprender a relacionarte de otra forma con esos pensamientos usando la metáfora del autobús.



